y la Gran Vía se calzó las puntas

A Sandra Rodríguez no le gustan las típicas estampas ni las postales convencionales. Cuenta que, cuando viaja, siempre esquiva los puntos más turísticos y las zonas concurridas. Es la manera de dejarse sorprender. De abrazar la incertidumbre como se abrazan dos amigos que se reencuentran después de siglos sin verse, tras cientos de intentos frustrados y algún que otro desplante. Por eso, cuando transita por Madrid, esta fotógrafa adopta una pose distinta a la de otros viandantes que, a diario, se desenvuelven sobre el asfalto casi como autómatas, con las pisadas programadas y la mirada perdida.

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Fuente: elmundo.es